Páginas de apuestas mexicanas: el permiso, el costo y la letra chica
noviembre 5, 2026 — Datos revisados contra el Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos, la Ley del IEPS y la Ley del ISR, y contra los pies de página y las fichas de tienda de las propias casas de apuestas.
México no tiene licencia de apuestas en línea. Tiene permisos. La diferencia no es un tecnicismo de abogados: es la razón por la que dos de las casas más grandes del país llevan más de un año con el sitio en blanco y por la que nadie puede enseñarte un papel oficial que diga que tal o cual marca está autorizada.
La Ley Federal de Juegos y Sorteos es del 31 de diciembre de 1947. Cuando se escribió no existía el navegador, ni el celular, ni la apuesta en vivo. Prohíbe los juegos con apuestas salvo los que autoriza expresamente, y su Reglamento —reformado el 16 de noviembre de 2023— añade una regla que lo decide casi todo: en su artículo 2, la actividad de juegos con apuestas y sorteos que no esté expresamente prevista está prohibida. Nada en el texto nombra la apuesta en línea. Nada crea una licencia digital. Lo que existe es un permiso de la Secretaría de Gobernación, un acto administrativo temporal que se otorga a un permisionario, y ese permisionario suele ser una empresa de juego terrestre con apuestas que arrastra varias marcas bajo el mismo papel.
De ahí sale el dato que más incomoda a la publicidad del sector. La Dirección General de Juegos y Sorteos debería publicar la lista de sitios autorizados. En mayo de 2026 un diputado pidió por escrito un registro público y abierto de los permisos de apuestas y casinos, y hasta octubre de 2026 esa lista completa no se pudo abrir. Sin lista, cada permiso que leas en una página de comparación, incluida la nuestra, viene de lo que la propia marca escribe en su pie de página o de una compilación de terceros. Por eso los números se citan como “según quien lo publica, no confirmado oficialmente” y por eso dos compilaciones pueden dar cifras distintas para la misma marca sin que ninguna esté mintiendo.
El costo de ese hueco lo paga el apostador, no la casa. Un jugador que quiere saber dónde está su dinero tiene tres fuentes: el pie de página del operador, la lista oficial que no se puede leer y su propio instinto. Con esas tres, la comparación honesta no es cuál paga más, sino cuál puedes verificar.
Evaluación: cómo se juzga hoy una página de apuestas mexicana
Lo primero que aprende cualquiera que revise esta industria con calma es que el momio llamativo es la parte menos interesante del anuncio. Dos casas pueden publicar el mismo 1.90 en el mismo partido y una estar cobrando bastante más por el privilegio de tenerte ahí. La diferencia no se ve en el número grande; se ve en lo que ese número deja dentro del mercado.
Hay una manera simple de medirlo. Un mercado de dos resultados a 1.90 y 1.90 se ve equilibrado, casi generoso. Suma las inversas de los dos momios: 1 ÷ 1,90 + 1 ÷ 1,90 = 1,0526. Eso quiere decir que el mercado reparte de vuelta alrededor del 95 % de lo apostado, y deja entre el 4,7 % y el 5,3 % del dinero en la casa según cómo se redondee el momio que te muestran en pantalla. Esa banda es la lectura correcta, porque los momios nunca llegan con decimales infinitos: la misma cifra redondeada a dos decimales se come un poco más o un poco menos según el lado. El cinco por ciento es lo que cuesta cada boleto antes de que el partido empiece, y no lo paga nadie que no apueste.
En México ese cinco por ciento es solo la primera capa. Encima está el IEPS a los juegos con apuestas que requieren permiso: 50 % desde el 1 de enero de 2026, con la reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 7 de noviembre de 2025. Antes era de 30 %. La ley no aclara sobre qué se calcula —el texto leído dice “valor de la actividad”, la prensa habla de “monto total apostado”— y por eso ninguna página seria debería escribir “50 % de lo apostado” como si fuera un hecho. Lo que sí se puede decir es que el operador tiene un socio nuevo en cada boleto.
Los criterios que ordenan esta evaluación, entonces, no son los del folleto. Primero, quién responde por el permiso y qué dice el propio operador de sí mismo. Segundo, qué herramientas de control existen de verdad para el jugador y cuáles son voluntarias. Tercero, cuánto del bono se queda en el camino. Cuarto, cuánto tarda y cuánto cuesta sacar el dinero. Quinto, si el sitio está en pie hoy, porque el estado de bloqueo cambia cada trimestre.
Fundamentos normativos: el permiso, el permisionario y la letra que casi nadie lee
El Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos regula la autorización, el control, la vigilancia y la inspección de los juegos con apuestas y sorteos, con excepción de los de la Lotería Nacional, y establece competencia federal. La Secretaría de Gobernación interpreta y aplica la ley en el ámbito administrativo; la Dirección General de Juegos y Sorteos autoriza, controla, vigila, modifica y termina los permisos, y lleva los procedimientos de sanción.

El artículo 3 define la figura con precisión: el fundamento para operar apuestas es un permiso, no una licencia, y la apuesta es dinero en moneda nacional arriesgado en un juego permitido. La palabra “licencia” suena a algo que se compra en una ventanilla internacional. “Permiso” suena a algo que se pide, se revisa y se puede retirar. Es la segunda lectura la que aplica.
Los tipos de permiso que importan a la apuesta a distancia son dos: los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos. Los titulares de permisos de hipódromo, galgódromo o frontón pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas. Y todos los permisos de juegos con apuestas son intransferibles: no pueden gravarse, cederse, venderse ni comercializarse. Esa regla explica el fenómeno que confunde a medio mercado: una marca extranjera no puede tener su propio permiso mexicano, así que aparece bajo el permiso de un tercero, que a veces presta su papel a varios operadores a la vez.
Con eso llega una obligación que el apostador nunca ve y que le importa. Los permisionarios de apuestas remotas deben presentar cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar seguros, reportar sospechas de delincuencia organizada o lavado de dinero y constituir una fianza equivalente a unos 60 días de premios promedio. Esa fianza es la respuesta legal a la pregunta de si te van a pagar. Un operador sin permiso no tiene fianza, ni cuentas auditadas, ni nada que un juez mexicano pueda ejecutar con rapidez.
Normativa de protección: adultos, identidad y el registro de autoexclusión que no existe
El artículo 5 del Reglamento prohíbe a los menores de edad las áreas de apuestas de los establecimientos y su participación en el cruce de apuestas, pero no fija una edad numérica. Ese detalle se pierde en la mayoría de las guías, que escriben “18+” como si estuviera en la ley. No está en la ley. Las marcas sí lo escriben: la ficha de la app de Codere México dice que opera con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta; el pie de página de caliente.mx indica que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable. Son declaraciones de cada casa sobre sí misma, y así deben leerse: la edad mínima que un mexicano puede citar en una reclamación no está fijada en el texto.

En México no hay un registro nacional de autoexclusión. Buscar la herramienta con la que un jugador problemático se bloquea de todas las casas del país es buscar algo que todavía no existe. Lo que hay son controles internos de cada operador: pausas, límites de depósito, autoexclusión de su propia plataforma y nada más. Quien tenga un problema real tiene que hacer el trabajo casa por casa, y una marca nueva no hereda el bloqueo que ya pediste en otra. La iniciativa para abrogar la ley de 1947 propone mecanismos de autoexclusión, edad mínima de 21 años y límites ligados al ingreso, y está ahí: es una propuesta, no una regla vigente.
La verificación de identidad es la otra cara. Los operadores verifican usuarios y reportan operaciones relevantes a la Unidad de Inteligencia Financiera y al Servicio de Administración Tributaria, porque el juego es una actividad vulnerable frente al lavado de dinero. Los documentos exactos que puede exigir una casa no están tasados en un artículo. Tampoco existe un límite legal de depósito o de pérdida, ni una figura de cuenta temporal. Es decir: las salvaguardas que sí existen son las que el operador decide ofrecer, y eso convierte las condiciones generales de cada sitio en la única prueba disponible. Un lector que quiera protección real debería empezar por ahí y no por el banner del bono.
Incentivos: qué cuesta de verdad un bono de bienvenida mexicano
“Bono de bienvenida” es la frase más elástica del sector. Puede ser dinero acreditado, puede ser una apuesta gratis cuyo importe no se devuelve si ganas, puede ser un seguro de parlay, puede ser un aumento de momio en un partido concreto. Lo que decide su valor no es la cifra del titular: es el requisito de apuesta, el momio mínimo que cuenta, el plazo y el tope de la ganancia.
El orden en que conviene leer un bono es siempre el mismo. Primero el tope, porque un bono de bienvenida sin tope es casi siempre un bono con tope escondido en una línea lejana. Después el requisito de apuesta y el momio mínimo, porque un rollover exigente con un momio mínimo alto obliga a jugar mercados caros. Después el plazo, que es donde mueren los bonos que parecían fáciles. Y al final el tipo de premio, porque una apuesta gratis no vale su importe.
Un ejemplo aritmético deja el punto claro sin depender de ninguna marca. En un mercado de dos resultados a 1.90 y 1.90, el mercado devuelve alrededor del 95 % de lo apostado. Eso significa que cada peso que se apuesta arrastra, en promedio, unos cinco centavos de margen. Si un bono obliga a mover varias veces su propio importe, el costo esperado de cumplir la condición es ese margen multiplicado por el volumen que exige. Ninguna casa regala el margen; lo cobra en cuotas, y por eso el bono se paga solo cuando el bono es grande frente a lo que exige moverlo.
Esto no es un argumento contra los bonos. Es un argumento contra leerlos al revés. Un bono modesto con requisito bajo y plazo largo vale más para la mayoría de los jugadores que un bono enorme con plazo de días. La reforma del IEPS es un dato útil aquí: desde el aumento, los operadores rediseñaron sus bonos de bienvenida para absorber parte del impuesto. Un bono que se rediseña para retener margen es un bono que paga menos que el anterior con el mismo nombre.
Tampoco existe una regla federal que gobierne los bonos. Hay reportes sobre iniciativas de horarios de publicidad en televisión, sobre proyectos para limitar a influencers y deportistas, sobre prohibiciones de anuncios en transmisiones deportivas y sobre bonos de bienvenida, pero nada de eso es ley. El único límite real es el que cada operador escribe en sus términos, y ese límite se puede cambiar por decisión unilateral.
Liquidación: depositar, retirar y lo que tarda cada peso
Ningún artículo del reglamento cubre los pagos de una casa de apuestas. No hay un plazo legal de retiro, ni un catálogo obligatorio de métodos, ni una obligación de pagar en un número de horas. Los métodos que operador tras operador nombran —tarjetas, transferencia bancaria SPEI, comprobantes en efectivo en tiendas como OXXO, monederos electrónicos— son lo que cada marca dice de sí misma, y nada más.
El punto que sí tiene respaldo es el destino del dinero: los retiros van a una cuenta a nombre del jugador, y el operador emite un CFDI de retenciones por los premios gravados. Ese CFDI es el papel que convierte una ganancia en algo declarable, y también la razón por la que la verificación de identidad no es un trámite que se pueda saltar. La cuenta que recibe el retiro y el nombre del titular del permiso son dos cosas distintas, y ahí es donde conviene mirar antes de depositar.
Sobre criptomonedas en marcas con permiso, no hay dato. No es una omisión de esta página: es un hueco del modelo, y por eso no se afirma ni se niega. Quien tenga cripto como estrategia principal debería preguntarlo directamente al operador antes de mover fondos, porque la respuesta no está en ninguna ley mexicana sobre juegos con apuestas.
La velocidad es la parte más publicitada y la menos regulada. Sin plazo legal, un “retiro en minutos” es una promesa comercial con el mismo valor que cualquier otra. Lo que puedes hacer es probar el ciclo completo con una cifra pequeña antes de confiarle un saldo grande: depositar, apostar, ganar, retirar. Si ese recorrido funciona, funciona; si no, descubrirás exactamente dónde se atasca.
Estrategia: para qué sirven las estadísticas y para qué no
Las páginas de estadísticas para apuestas se vendieron durante años como la diferencia entre apostar y ganar. No lo son. Una estadística que todo el mundo ve ya está dentro del momio, y el margen del mercado se cobra sobre la versión mejor informada del partido, no sobre la ingenua.
Lo que sí cambia el resultado de un jugador es la gestión del saldo. Un apostador con un presupuesto chico pierde más rápido por tamaño de apuesta que por mal análisis. Si cada boleto se lleva una décima parte del saldo, seis errores seguidos —cosa que pasa todas las semanas— dejan la cuenta en la mitad. Con una apuesta del uno o dos por ciento, la misma racha es una molestia. La única palanca que un jugador controla con certeza es cuánto pone en cada boleto, y no hay estadística que sustituya eso.
El segundo control es el tipo de apuesta. Un parlay multiplica el momio y multiplica el margen: cada pata añade su propio margen, y el resultado es un precio peor que el de las apuestas sencillas por separado. La combinada que promete un premio grande está cobrando por ese premio en cada pata. No es un engaño, es aritmética, y la misma aritmética que explica por qué el “momio que más paga” casi nunca gana la comparación.
Ninguna página honesta puede decirte quién va a ganar un partido. Lo que puede hacer es decirte que el cash out casi nunca mejora el resultado esperado —corta la ganancia y paga el margen otra vez—, que apostar en vivo con el saldo que no puedes perder es la forma más rápida de perderlo, y que retirar parte de una ganancia no es cobardía sino gestión. El jugador que sobrevive no es el que acierta más; es el que sigue teniendo cuenta el domingo por la noche.
Calendario: fútbol, esports y lo que ya pasó
El calendario manda en la oferta. La Copa del Mundo de 2026 se jugó en junio y julio de 2026 y ya es historia; las casas que hoy siguen anunciando un “bono mundialista” están vendiendo nostalgia con momios nuevos. Lo que queda en la cartelera es el torneo local, la liga europea, la Champions y, cada vez con más peso, los esports.
Ninguna de esas categorías tiene regla propia en los artículos del reglamento que se pueden leer. A las apuestas en vivo, a los deportes virtuales, a los esports y a los tipos de apuesta no los distingue ningún artículo: están permitidos en la medida en que están dentro de un permiso de la SEGOB, y punto. Lo que sí tiene molde legal son las carreras de caballos y el cruce de apuestas en hipódromos, galgódromos y frontones, donde los menores de edad tienen prohibida la participación. Tampoco hay una lista de eventos restringidos por categoría de jugadores ni una norma que separe ligas menores.
Para el apostador eso se traduce en una comparación sencilla. Los mercados del fútbol mexicano y de las grandes ligas europeas están en todas las casas y son la parte del catálogo donde el margen compite de verdad. Los mercados de esports son más estrechos y con momios peor afinados, porque hay menos volumen para afinar. Y las apuestas en vivo son las que envejecen más rápido: un momio en vivo puede moverse dos veces mientras decides, y el margen se ensancha justo cuando tienes menos tiempo para comparar. Quien apueste en vivo debería asumir que la comparación de precios se acaba cuando empieza el partido.
Una advertencia práctica sobre el calendario: cualquier promesa atada a un torneo pasado o futuro tiene fecha. Léela. Un bono de Mundial anunciado en octubre se refiere a un torneo jugado, y las condiciones de ese bono se escribieron para un evento que ya no existe.
Novedad: qué mirar cuando la marca es nueva
Cada temporada aparecen páginas de apuestas nuevas en México, y la tentación es tratarlas como un descubrimiento. Conviene tratarlas como un riesgo con nombre propio, al menos hasta que se contesten tres preguntas.
La primera es de quién es el permiso. Un permisionario puede sostener varias marcas a la vez, y eso no es un defecto: es la única arquitectura legal disponible cuando los permisos son intransferibles y ninguna empresa extranjera puede tener el suyo. Pero significa que el permiso que ves en el pie de página puede no estar a nombre de la marca. La segunda es cuánto tiempo lleva funcionando con dinero real en México. Una casa nueva tiene menos historial de pagos y menos incentivo reputacional. La tercera es qué dice su propia página sobre el juego responsable, la edad mínima y el cierre de cuentas: si esas líneas faltan, el resto del sitio está más solo de lo que parece.
Lo nuevo tiene ventajas concretas. Compite con bonos más agresivos porque no tiene cartera que defender, y suele tener interfaz más rápida y mejor app. También tiene desventajas concretas: menos liquidez en los mercados raros, momios peor afinados en vivo y una estructura de atención al cliente que todavía no ha sido puesta a prueba.
El consejo editorial es aburrido y funciona. Deposita una cifra pequeña, retírala completa antes de dejar saldo atrapado, y no aceptes un bono grande en una casa nueva hasta haber pasado por ese ciclo una vez. El bono que no puedes retirar no vale más que el historial que lo respalda.
Procedimiento: cómo funciona una apuesta de principio a fin
Abrir una cuenta es la parte fácil y siempre ha sido la parte fácil. El registro pide nombre, correo, teléfono y una contraseña; después llega la verificación de identidad, que en México no está tasada por artículo alguno y que cada operador resuelve a su manera. Ahí empieza el recorrido real.
Con la cuenta abierta se deposita. Los métodos son los que la casa anuncie, y el depósito suele ser instantáneo mientras que el retiro no. Con el saldo dentro se elige deporte, se elige evento, se elige mercado y se arma el boleto: apuesta sencilla, combinada, hándicap, más/menos, o una apuesta en vivo que se complica sola. El momio que aceptas es el que ves al confirmar, no el que viste al abrir la pantalla.
Cobrar es donde el recorrido se pone interesante. Si el boleto gana, el saldo sube; si quieres dinero fuera, hay que pedir el retiro hacia una cuenta a nombre del titular. Los premios gravados llevan retención y el operador emite el CFDI correspondiente. Y si el sitio aparece bloqueado el día que quieres cobrar, el saldo puede quedar congelado sin que exista un procedimiento rápido para recuperarlo.
Sobre la otra cara de las “páginas de apuestas”: no hay manera de hackear una casa de apuestas desde fuera, y todo lo que se ofrece en ese sentido es fraude contra quien lo contrata. Las casas verifican usuarios y reportan operaciones a la UIF y al SAT. El software que promete “como hackear una página de apuestas” vende la ilusión de control y cobra por adelantado; la única vulnerabilidad real que un jugador puede explotar es no haber leído los términos de su propio bono.
Una página donde se puede apostar de todo no es necesariamente mejor. Un catálogo enorme con momios mediocres vale menos que uno mediano con precios ajustados, y la amplitud se paga en margen. Antes de celebrar que un sitio tenga mercados de ligas exóticas, comprueba qué momio te da en el partido normal que vas a jugar hoy.
Clasificación: comparación de las casas con permiso de la SEGOB
La comparación que sigue ordena nueve marcas que operan en México bajo un permiso de la SEGOB. Ninguna ficha es una recomendación, ninguna lista abarca todo el mercado, y una marca ausente no queda por eso sin permiso. El número de folio se cita según quien lo publica, dado que la lista de la Dirección General de Juegos y Sorteos sigue sin ser pública.
| Marca | Permisionario según las fuentes | Estado del permiso de la SEGOB tal como lo declaran las fuentes | Lo que su propio listado añade sobre el permiso |
|---|---|---|---|
| Pickwin | Producciones Móviles S.A. de C.V., con Unocapali La Paz Operadora | Permiso de la SEGOB; número no impreso porque las fuentes se contradicen | Su blog se apoya en una compilación cuyas cifras chocan con las de otro directorio |
| Playdoit | Eventos Festivos de México | Permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx; sin confirmación oficial | Ninguna confirmación oficial adicional en su propio listado |
| 1xBet | Entretenimientos Naturales | Permiso DGJS/0002/2020, según fuentes del sector; sin confirmación oficial | La ficha de tienda lista la app a nombre de 1XCorp N.V., empresa distinta del titular citado |
| Betcris | Producciones Móviles, S.A. de C.V., junto con Paradise Riviera Gaming, S.A. de C.V. | Permiso de la SEGOB; número no impreso porque el pie del sitio y la tabla del titular difieren | Su pie también declara una licencia de la Autoridad de Juegos de Malta MGA/B2C/300/2008, vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026 |
| Strendus | Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads, según la compilación | Permisos DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según casasdeapuestaslegales.mx | Las compilaciones discrepan sobre quién es el titular |
| Betway | Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V. | Permiso 4184, según casasdeapuestaslegales.mx; sin confirmación oficial | Ninguna confirmación oficial adicional en su propio listado |
| Caliente | Tecnología en Entretenimiento Caliplay, S.A.P.I. de C.V. | Permiso DGG/SP/404/97, mostrado en el pie de su propio sitio | El pie lo presenta como autorización de la Secretaría de Gobernación |
| Novibet | Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V. | Permiso DGJS/DCRCA/1121/2020, según casasdeapuestaslegales.mx; sin confirmación oficial | Ninguna confirmación oficial adicional en su propio listado |
| Codere | Libros Foráneos S.A. de C.V. (Codere México) | Permisos DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según Apuestas-legales.com.mx; sin confirmación oficial | Su ficha de tienda declara operar con permiso de la SEGOB, uso limitado a mayores de 18 años y políticas de cierre de cuenta |
Dos marcas grandes del país no aparecen en esa tabla y no es un olvido. bet365.mx y Betano llevan bloqueadas desde noviembre de 2025, cuando la UIF identificó trece casinos y congeló cuentas; en diciembre de 2025 un tribunal colegiado solo permitió a sus apps publicar contenido informativo ajeno a las apuestas; en marzo de 2026 un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo y el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026; en julio de 2026 la DGJS suspendió diez dominios de casino en línea, entre ellos betano.mx y bet365.mx; y el 23 de octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la SEGOB contra ambas, según una sola fuente. El estado es inestable, cambia por resolución judicial y por eso se cita siempre con su fecha, nunca como “abierto” o “cerrado” hoy.
Las nueve casas, una por una
Pickwin: el permiso que se cuenta de dos maneras
Pickwin es la marca que mejor enseña cómo funciona este mercado por dentro. El permiso aparece citado de dos formas distintas según quién lo publique, y una de esas cifras es la misma que el pie de página de Betcris muestra para Producciones Móviles, la empresa que las fuentes señalan como titular. Cuando dos compilaciones se contradicen sobre el número de un permiso, lo que se aprende no es el número: es que el número no resuelve la pregunta que el apostador tiene.
El titular es Producciones Móviles S.A. de C.V., junto con Unocapali La Paz Operadora, con permiso de la SEGOB. Nada de esto es confirmación oficial, pues la lista de la Dirección General de Juegos y Sorteos permanece cerrada, y el blog de la marca cita una compilación que choca con otros directorios.
Lo que un jugador puede verificar por su cuenta está al alcance de dos clics: abrir el pie de página, leer el número que la casa muestra y guardar una captura con la fecha. Es poco, y ese poco es más de lo que da cualquier tabla de terceros.
Quien compare por precio encontrará en Pickwin una casa con la oferta típica del permiso compartido; quien compare por trazabilidad documental encontrará exactamente el problema que este mercado arrastra desde 1947.
Playdoit: número publicado, respaldo prestado
Playdoit es la excepción cómoda. Su permiso aparece con número completo —DGAJS/SCEVF/P-02/2005— a nombre de Eventos Festivos de México, según la compilación que lo publica. Un permiso con folio visible es mejor que un folio ausente, aunque el origen sea el mismo directorio que no puede confirmarse oficialmente.
Esa diferencia de forma no cambia la naturaleza del papel. El permiso sigue siendo un acto administrativo temporal de la Secretaría de Gobernación, otorgado a un permisionario que es una empresa distinta de la marca comercial, y sigue siendo intransferible. Lo que cambia es que un lector tiene algo que citar si algún día necesita reclamar.
La consecuencia práctica es pequeña y real: si vas a comparar marcas por la solidez del respaldo documental y no por el bono, esta es de las que permiten hacer el ejercicio sin quedarse en blanco.
1xBet: dos nombres para un mismo sitio
1xBet trae el caso más incómodo de la lista, y conviene decirlo sin adornos. El permiso se cita como DGJS/0002/2020 a nombre de Entretenimientos Naturales, según la compilación que lo publica, que además no pudo confirmar el dominio 1xbet.mx ni la lista oficial. Y la ficha de la tienda de aplicaciones lista la app a nombre de 1XCorp N.V., una empresa distinta del titular citado.
Dos nombres, un mismo sitio. Eso no prueba nada malo por sí solo: puede ser una estructura corporativa normal, y la ley mexicana empuja a ese tipo de arreglos porque los permisos son intransferibles y ninguna empresa extranjera puede tener el suyo. Pero sí traslada una carga al jugador, que es la de entender quién responde por su dinero si algo sale mal.
Para un apostador acostumbrado a mercados amplios y a momios competitivos, 1xBet sigue siendo una opción con catálogo grande. La pregunta que debería hacerse antes de depositar no es cuántos deportes tiene, sino a qué entidad le está entregando el dinero y con qué documento puede demostrarlo.
Betcris: el pie de página con dos jurisdicciones
Betcris es el único caso de la comparación donde el propio operador declara dos marcos a la vez. Su pie de página muestra un permiso de la SEGOB con un número que no coincide con el de la tabla de su titular, y en el mismo pie declara una licencia de la Autoridad de Juegos de Malta, MGA/B2C/300/2008, vigente del 1 de agosto de 2018 al 3 de noviembre de 2026. El titular citado opera junto con Paradise Riviera Gaming, S.A. de C.V., según el oficio DGJS/405/2018, y la empresa del sitio es TV Global Enterprises Ltd.
Dos jurisdicciones en un pie de página suenan a respaldo doble. En la práctica, la licencia maltesa no es un permiso mexicano y no sirve para reclamar ante una autoridad mexicana; el permiso que cuenta para eso es el de la Secretaría de Gobernación, y el número de ese permiso es justo el que las fuentes no ponen de acuerdo. Un jugador mexicano que se apoye en la palabra “Malta” está apoyándose en una autoridad que no tiene competencia sobre un saldo en pesos.
Ahí está el costo real de la estructura: dos papeles, uno que protege al operador frente a su regulador europeo y otro que debería proteger al jugador frente a su autoridad local, y solo el segundo importa cuando el retiro se atora.
Strendus: tres permisos y dos titulares
Strendus es la marca con el expediente más largo y, por eso mismo, la más difícil de leer. Se le citan tres permisos —DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021— y el titular aparece como Atracciones y Emociones Vallarta o como New Ads según la compilación que se consulte.
Tres folios deberían ser una buena señal: sugieren una operación con historia y con trámites sucesivos. Pero cuando dos directorios no coinciden ni en el titular, la acumulación de folios deja de ser prueba y se convierte en ruido. La consecuencia es la que se repite en toda esta comparación: el jugador puede verificar el número, no la vigencia.
Strendus compite en el terreno de siempre, con catálogo deportivo y bonos de bienvenida, y en ese terreno no destaca ni falla. La marca queda para quien prioriza una casa con recorrido largo en el mercado mexicano y acepta que su respaldo documental es tan opaco como el de las demás.
Betway: un folio corto y un titular con historia
Betway aparece con el número de permiso más corto de la tabla —4184— a nombre de Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V., según la compilación que lo publica. Ese titular cuenta algo interesante: los permisos de frontón son precisamente los que pueden obtener permisos complementarios de apuestas remotas. La estructura encaja con el reglamento en lugar de forzarlo.
Un folio corto no es mejor ni peor que uno largo; el formato del número no mide la solidez del papel. Lo que sí aporta es una pista sobre cómo se construyó la operación: una marca internacional montada sobre un permisionario de juego tradicional mexicano, que es exactamente el arreglo que la regla de intransferibilidad produce en todo el mercado.
Para el apostador que sigue el fútbol europeo y quiere una casa con esa herencia, Betway resuelve el problema práctico. Para el que quiere verificar la vigencia de su permiso, la situación es la de siempre: sin lista oficial, el número solo confirma que alguien lo publicó.
Caliente: el permiso en su propio pie de página
Caliente es la casa que enseña su permiso donde corresponde. Su pie de página muestra el número DGG/SP/404/97, lo presenta como autorización de la Secretaría de Gobernación, y la operadora del sitio es Tecnología en Entretenimiento Caliplay, S.A.P.I. de C.V., del grupo al que el permiso pertenece. El mismo pie añade una línea que pocas casas escriben: los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, con un enlace a su sección de juego responsable.
Nada de eso equivale a confirmación oficial. Hay una diferencia cualitativa entre una marca cuyo folio sale de un directorio de terceros y una marca que imprime el folio, el titular y la advertencia de edad en el mismo lugar donde el jugador va a mirar. El segundo caso permite verificar algo, aunque sea poco, sin salir del sitio.
Es la casa con la presencia más antigua del mercado mexicano y con una estructura de permiso que se lee sin rodeos. Para quien valora poder rastrear el respaldo en la propia página, ese detalle pesa más que unos pesos de bono.
Novibet: catálogo internacional, folio prestado
Novibet llega con permiso DGJS/DCRCA/1121/2020 a nombre de Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V., según la compilación que lo publica, y sin confirmación oficial por la razón de siempre. Es una marca de origen europeo con una operación mexicana montada sobre un permisionario local, el patrón que se repite ficha tras ficha.
La ventaja de ese tipo de casa es el producto: mercados internacionales bien afinados, cuotas competitivas en las grandes ligas y una interfaz que no parece improvisada. La desventaja es la misma en todas ellas y merece decirse sin dramatismo: el permiso mexicano no está a nombre de la marca que ves en la pantalla, así que la cadena de responsabilidad pasa por una empresa cuyo nombre pocos jugadores reconocerían.
Novibet es una opción razonable para un apostador que juegue mucho fútbol europeo y valore la profundidad del mercado por encima de la transparencia documental.
Codere: la advertencia de edad en su propia ficha
Codere cierra la comparación con el mayor contraste frente al resto. Sus permisos se citan como DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019 a nombre de Libros Foráneos S.A. de C.V., según la compilación que los publica, con la advertencia habitual de que la lista oficial no se puede leer. Hasta ahí, todo igual que sus vecinas de tabla.
Lo que la distingue es la ficha de su aplicación: declara operar con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Es el operador que pone por escrito dónde se cierra una cuenta, que es la información que un jugador busca justo cuando ya no le sirve preguntarla.
Esa declaración tiene un límite que conviene tener presente: el artículo 5 del reglamento prohíbe a los menores de edad en las áreas de apuestas y en el cruce de apuestas, pero no fija una edad numérica. El “18+” que Codere publica es su política, no su obligación legal.
Para cualquiera que valore saber de antemano cuáles son las reglas internas del operador, esta casa las escribe donde se pueden leer antes de depositar.
Impuestos: lo que el SAT retiene y lo que el jugador debe aclarar
Los premios de casas de apuestas legalmente autorizadas son ingreso para efectos del ISR. El artículo 138 de la Ley del ISR prevé que quien paga el premio retenga el impuesto: 1 % cuando el impuesto estatal no excede de 6 %, y 21 % si el impuesto estatal es mayor. La retención es pago definitivo solo si la persona presenta la declaración que le corresponde cuando está obligada; si no, el ingreso se acumula y la retención se acredita. En la Ciudad de México existe además un impuesto estatal del 6 % sobre los premios, lo que lleva el total alrededor del 7 % según los reportes secundarios que lo calculan.
Sobre el operador, el IEPS a los juegos con apuestas y sorteos que requieren permiso es de 50 % desde el 1 de enero de 2026, tras la reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 7 de noviembre de 2025, frente al 30 % anterior. La base no está establecida en el texto: la ley dice “valor de la actividad” y la prensa habla de “monto total apostado”, así que la página no afirma que sea el 50 % de lo apostado ni el 50 % de los ingresos. Lo que sí se puede decir es que un impuesto de esa magnitud cambia el diseño de los bonos, y la prensa del sector reporta exactamente eso: después del aumento, las casas rediseñaron sus ofertas de bienvenida para absorber parte del gravamen.
Falta una pieza y hay que dejarla donde está. El artículo 137 de la Ley del ISR cubre premios “autorizados legalmente”. Qué pasa con el premio cobrado en un sitio sin permiso no está establecido, y quien esté en esa situación debería consultar a un contador o a un asesor fiscal antes de decidir cómo declararlo. No es prudencia excesiva: es la diferencia entre un problema administrativo y uno fiscal.
Dónde se cae la seguridad: permiso mexicano frente a operador extranjero
El artículo 2 del reglamento prohíbe lo que no está expresamente previsto y la Ley Federal de Juegos y Sorteos faculta a la Secretaría de Gobernación para cerrar establecimientos no autorizados. La Secretaría ha reforzado su capacidad de bloquear dominios y aplicaciones sin permiso, aunque una base legal específica para bloquear sitios de apuestas más allá del bloqueo por incumplimiento fiscal no está establecida. En 2026 se reportó el cierre de unos veinte casinos físicos.
La comparación honesta entre una casa con permiso mexicano y una marca que opera desde fuera no se decide por simpatía. Una casa con permiso trae sede legal mexicana, un permiso de la SEGOB, controles de identidad y de lavado de dinero, y un CFDI de retenciones por premios gravados. Una marca extranjera no trae nada de eso. Los sitios con licencia de Curazao no son permisionarios mexicanos y no responden ante una autoridad mexicana.
Sobre el riesgo del jugador hay que ser exactos, porque aquí es donde se inventa más de lo que se sabe. No está establecida ni una multa ni un delito para la persona que simplemente apuesta en un sitio sin permiso, y tampoco una exención. Lo que sí está documentado es el efecto sobre el saldo: un operador bloqueado puede dejar cuentas congeladas, y el caso de bet365 y Betano lo muestra con fechas concretas. Y una cosa más que vale igual para los dos lados: en México no existe un registro nacional de autoexclusión, así que ninguna casa, mexicana o extranjera, puede ofrecerte un bloqueo que valga en todo el mercado.
Preguntas frecuentes sobre páginas de apuestas mexicanas
¿Cómo puedo saber si una casa de apuestas opera con permiso de la Secretaría de Gobernación?
Empieza por el pie de página del operador y busca el número que la propia casa muestra. Después comprueba en tu estado de cuenta a qué razón social llega el depósito. Cualquier folio de un directorio externo se cita como no confirmado oficialmente, pues no hay registro público abierto.
¿Cómo se calcula lo que paga una apuesta con la cantidad apostada y el momio?
El retorno es la cantidad apostada multiplicada por el momio decimal, y la ganancia neta es esa cantidad multiplicada por el momio menos uno. Diez pesos a un momio de 3,50 devuelven 35 pesos y dejan 25 de ganancia. En una combinada los momios de cada selección se multiplican entre sí.
¿Cómo se nota el margen de la casa en los momios?
Suma las inversas de todos los momios de un mismo mercado. En un mercado de dos resultados a 1.90 y 1.90 esa suma es 1,0526, así que la casa reparte alrededor del 95 % de lo apostado y se queda una banda de entre el 4,7 % y el 5,3 % según el redondeo del momio en pantalla.
¿Cómo se ponen límites de depósito o de pérdida en una casa de apuestas?
No existe un límite legal de depósito o de pérdida en México, y tampoco un registro nacional de autoexclusión. Los controles que hay son internos de cada operador: pausas, límites de depósito y autoexclusión dentro de su propia plataforma. Se piden desde la configuración de la cuenta y hay que repetirlos casa por casa.
¿Se pagan impuestos por los premios de las apuestas en México y quién los retiene?
Quien paga el premio retiene el ISR: 1 % cuando el impuesto estatal no excede de 6 %, y 21 % cuando lo supera. En la Ciudad de México el impuesto estatal de 6 % sobre premios lleva el total alrededor del 7 %. La retención es pago definitivo solo si presentas la declaración correspondiente.
¿Qué riesgos tienen las casas de apuestas sin permiso en México?
Un sitio sin permiso no tiene sede legal mexicana, ni controles de identidad reportados a la UIF, ni CFDI de retenciones, y su saldo puede congelarse sin vía rápida de reclamación. Sobre una multa o un delito para el jugador no hay regla establecida, así que la exposición real es el saldo, no una sanción.
Lo que este recorrido deja al apostador mexicano
La conclusión de todo lo anterior es incómoda y corta: en México la seguridad de una página de apuestas no se compra con una licencia internacional ni se demuestra con un banner. Se apoya en un permiso de la Secretaría de Gobernación que no siempre se puede leer, sostenido por una empresa cuyo nombre no coincide con el de la marca, y verificado por el propio jugador en el pie de página y en el estado de cuenta bancario.
El costo de esa opacidad se reparte. El operador paga un IEPS del 50 % sobre los juegos con apuestas que requieren permiso, con una base que la ley no precisa, y lo traslada al diseño de los bonos y al ancho de sus momios. El jugador paga el cinco por ciento que vive dentro de cada precio y, cuando cobra un premio, la retención de ISR que corresponda. Entre esos dos extremos, el margen del bono y el margen del mercado son la misma cosa vista desde dos sillas.
De las nueve casas comparadas, las que imprimen su folio y su advertencia de edad en su propio sitio dejan al menos un rastro que se puede guardar. Las que delegan todo a un directorio de terceros obligan a fiarse de una lista que el propio regulador no ha publicado. Ninguna de las dos cosas es un delito, y la diferencia no aparece en ningún bono.
Apostar sigue siendo lo que siempre fue: una decisión con costo conocido y resultado desconocido. Lo que esta comparación cambia es el orden de las preguntas. Antes del momio, antes del bono, antes del catálogo de mercados, hay una sola que ordena a las demás: quién responde con un papel mexicano si mañana quieres tu dinero de vuelta.
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