Apuestas con bono de registro en México: lo que recibes, lo que tienes que jugar y lo que te queda
*Datos verificados a noviembre 5, 2026 contra el Registro Público de Comercio y el listado público de permisos de la Dirección General de Juegos y Sorteos.*
Un bono de registro es una cifra que se promete antes de que la apuesta exista y una condición que se exige después. En México esa condición se llama “requisitos de apuesta” o, con la palabra que llegó del inglés, rollover, y es la parte del anuncio que nunca sale en grande. El letrero grande tampoco dice otra cosa: cuánto hay que depositar para que el bono nazca, con qué momio mínimo hay que jugarlo, si el dinero del bono se devuelve junto con la apuesta ganadora, cuántos días hay antes de que el saldo desaparezca. A lo largo de estas páginas el lector de las casas de apuestas mexicanas encuentra una promesa; aquí se explica qué trabajo cuesta cobrarla. El negocio no inventó nada nuevo. Simplemente movió el peso de la promesa al reglamento.
El bono de registro en México no tiene ley que lo regule
No hay un artículo que diga cuánto puede valer un bono de registro, ni cuántas veces hay que jugarlo, ni cuánto tiempo puede estar abierto. La Ley Federal de Juegos y Sorteos, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 31 de diciembre de 1947, prohíbe los juegos de azar y las apuestas en todo el territorio, salvo los que autoriza expresamente; y el Reglamento, reformado el 16 de noviembre de 2023, cierra aún más la puerta en su artículo 2, al prohibir todo lo que no está previsto en el texto. El resultado es un hueco en el que caben todas las ofertas que un lector mexicano ve anunciadas: nadie las autoriza, nadie las revisa y por lo tanto nadie responde por la letra pequeña.
Cuando se pregunta en redes si los bonos son legales en México, la respuesta correcta es exacta y decepcionante: la actividad a la que se pegan sí necesita permiso; el bono que la promociona no aparece en ninguna parte de la ley. No es ilegal porque nadie ha dicho que lo sea, y no es especialmente seguro porque nadie ha dicho que deba serlo.
Existen propuestas para prohibirlos. Un diputado, Martínez Urincho, presentó una iniciativa en ese sentido; es una propuesta, no una ley vigente. Los artículos revisados del Reglamento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos no contienen una regla sobre bonos de bienvenida. Mientras eso siga así, el único documento que obliga a una casa de apuestas frente a un cliente es su propia página de términos, y esa página la escribe la casa.
La letra que sí existe: de la Secretaría de Gobernación a la Dirección General de Juegos y Sorteos
Lo que sí está regulado es la puerta por la que entra el dinero. La Secretaría de Gobernación interpreta y aplica la ley en su parte administrativa, y dentro de ella la Dirección General de Juegos y Sorteos autoriza, controla, supervisa, expide, modifica y termina los permisos, además de instruir los procedimientos de sanción. La Ley de 1947 le da la facultad de otorgar permisos e inspeccionar en su artículo 7, ordenar el cierre de locales no autorizados en el artículo 8, y mantener cualquier establecimiento lejos de escuelas y centros de trabajo en el artículo 9. Ningún local de apuestas puede estar a la vuelta de una primaria, y en eso las reglas son viejas, tampoco se mueven.
El Reglamento, además, define el permiso en su artículo 3 como un acto administrativo temporal a favor de un permisionario —ni propiedad ni concesión: un permiso que se acaba y se renueva—, y su artículo 31 declara que los permisos no son transferibles. Ese par de líneas explica por qué, en el mercado mexicano, un mismo permisionario suele operar varias marcas: los permisos se prestan, negocian y comparten, aunque legalmente no se transfieran con un documento.
Los tipos de permiso que permiten las apuestas son los centros de apuestas remotas y las salas de sorteos de números o símbolos, señalados en el artículo 28. Quien opera un hipódromo, un galgódromo o un frontón puede obtener permisos complementarios para apuestas a distancia. Los permisionarios de apuestas remotas deben rendir cuentas trimestrales y anuales auditadas, contratar un seguro, reportar operaciones sospechosas de lavado de dinero y depositar un bono de fianza, según el artículo 29. Todo eso convive con el bono de registro: son reglas del mismo permiso, aunque ninguna habla del bono.
El detalle incómodo: aquí se habla de “permiso”, no de “licencia”. Esa precisión no es un capricho académico. Una “licencia” de juego refiere al registro de otro país, casi siempre a miles de kilómetros de la Ciudad de México, y una “licencia” de otro país no es un permiso mexicano. Cuando abajo se compara el estatus de cada marca, la palabra escogida será siempre la correcta.
Participar o no participar: lo que deja de cambiar
Ninguna norma mexicana prohíbe apostar en una casa de apuestas que no tiene permiso, pero tampoco hay ningún artículo que proteja al cliente que lo hace. La comparación honesta: una marca con permiso mexicano trae un foro legal en el país, un permiso de la Secretaría de Gobernación, controles de identificación y de lavado de dinero, y la emisión de un CFDI de retenciones; una marca sin permiso no trae nada de eso, y un saldo en una plataforma bloqueada puede quedarse congelado. Tampoco hay registro nacional de autoexclusión en ninguno de los dos casos, de modo que quien necesita ayuda con su forma de jugar no tiene una red automática en México. Para un bono, lo que cambia es sencillo: la oferta de una marca con permiso se puede reclamar y cobrar con la maquinaria de la Ley de 1947 como respaldo; la de una marca sin permiso, si algo falla, no tiene una autoridad a la que reclamarle.
La renovación llegó hasta la puerta. La Secretaría de Gobernación terminó un anteproyecto para sustituir la ley de 1947 —reportado el 13 de octubre de 2026— y lo envió al Gabinete de Seguridad; no se ha presentado como iniciativa y no es ley. Otra propuesta, ésta para derogar la ley vigente, crearía un Instituto Nacional de Juegos y Sorteos con edad mínima de 21 años y autoexclusión; también es una propuesta. Nada de eso mueve todavía un solo peso de un bono de registro.
Aquí viene una de las mayores trampas del mercado: entre los operadores con permiso también hay silencio oficial. La Dirección General de Juegos y Sorteos publica un documento de sitios autorizados que en la práctica no se puede abrir. La Cámara de Diputados preguntó por un registro público abierto entre mayo y julio de 2026; tampoco hubo respuesta. Hay conteos que no coinciden —un reporte habla de 136 sitios de apuestas, otro de entre 30 y 35 operadores digitales en dominios .mx— y por eso ninguna cifra se escribe como si fuera exacta.
Los números de permiso que aparecen abajo vienen, en su mayoría, de compilaciones de sitios especializados o del propio pie de página de cada marca; algunos se contradicen entre sí, y los que se contradicen no se imprimen. Todo eso se marca con su condición: según la fuente, no confirmado oficialmente. El listado de la autoridad sigue sin poder abrirse. Conclusión para quien lee: haga clic en el pie de página de su casa de apuestas y busque un número que corresponda a un permiso vigente; si no está, considere que está en la zona desprotegida.
Juego responsable: lo que se pierde cuando el bono funciona demasiado bien
La trampa del juego responsable es que el mejor argumento de una casa de apuestas no es “el bono es grande” —eso lo tiene todas— sino “el bono funcionó”: la casa quiere una cuenta activa por meses, y el bono es el anzuelo con que engancha a un cliente a una decisión que se repite cada semana.
Ninguna marca de las que se describen arriba lo dice con esas palabras. El pie de página de caliente.mx indica que los juegos con apuestas están prohibidos para menores de edad, pide divertirse con responsabilidad y enlaza una sección de juego responsable. El pie de página de Betcris dice que el servicio no se promociona a menores de 18 años y que el juego con apuestas está estrictamente prohibido para ellos. La ficha de la aplicación de Codere México declara que opera con permiso de la Secretaría de Gobernación, limita el uso a mayores de 18 y añade avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. Esto da un mínimo obligatorio —18, avisos, vías de cierre de cuenta— pero ninguna proporción de la realidad: la publicidad se corta a los 18 y las personas con problemas no se acaban a los 18.
En el reglamento aparece otra cosa. El artículo 5 impide que menores entren a las áreas de apuestas de los establecimientos y participen en el cruce de apuestas, pero no fija una cifra de edad; la cifra de 18 años la ponen las marcas en sus propias fichas y pies de página. Y si busca un registro nacional de autoexclusión, no lo va a encontrar: no existe. Lo que cada casa ofrece son herramientas internas —pausas, límites de depósito, autoexclusión voluntaria— dentro de su propia plataforma, y cada una decide cuáles ofrece. No hay límite de depósito ni de pérdida con rango de ley, y tampoco una cuenta temporal regulada.
Para quien tiene un problema, no es poca cosa. La autoexclusión de una casa no vale en la de al lado; la reincidencia con permiso de la misma casa no tiene un seguro automático. Eso convierte la decisión de quién no juega en una decisión personal que ninguna casa toma por uno. En el mercado mexicano se compra un bono; no una red.
Las herramientas que existen de verdad y las que no
Pausas, límites y cierre de cuenta: dónde buscarlos
Las herramientas útiles son menos de las que suenan. La autoexclusión voluntaria es la que más importa y la que es más falsa en beneficio: se pide a la marca, y vale para esa marca. Los límites de depósito y de pérdida pueden venir impuestos por política de la casa, y no por ley. El cierre de cuenta es una herramienta real —Codere México incluye políticas de cierre de cuenta en su ficha—, pero sirve después de un episodio, no antes.
Para encontrar cada una, el camino es el mismo en todas: sección de juego responsable en el sitio, en el pie de página, a veces dentro del perfil. Si no aparece, es un dato de la casa y no una equivocación del lector.
La edad de 18 y el 21 de la reforma
La edad mínima de 18 años aparece en los pies de página y en las fichas de las tiendas. La propuesta de derogar la ley de 1947 la subiría a 21 y añadiría autoexclusión, pero no es ley. Por ahora la marca de 18 es la que fija cada casa en su contrato, y esa diferencia importa: en un formato sin ley uniforme, la verificación de identidad no es una garantía legal, es una práctica de cada operador.
La normativa del control: reglas detalladas que el lector no ve
Sobre un cliente que deposita y pierde, la casa no tiene que decir mucho: son las reglas de permiso las que hacen el trabajo. El permisionario de apuestas a distancia responde trimestralmente y con una auditoría anual, mantiene una póliza de seguro, reporta operaciones sospechosas de lavado de dinero y entrega un bono de fianza, conforme al artículo 29 del Reglamento. Un cliente no verá esos papeles. Los pagará en la comisión de la casa, o contará con que la casa los pague. Nada de esto convierte el bono en más seguro para el lector, pero explica por qué las casas con permiso están más atentas a verificar quién juega que las que no lo tienen.

Permitir un bono sin reglas hace algo más silencioso: desplaza hacia la casa el control del tiempo y del monto. No hay tasa que diga cuánto puede perder un usuario en una sesión; no hay número que obligue a la casa a decirle que ya jugó demasiado. Lo que queda en su lugar es un mensaje de “juega con responsabilidad” en una sección que el lector puede perfectamente no abrir. Es un cinturón de seguridad sin coche debajo.
Bloqueos, amparos y saldos atrapados
En temas de dinero real esta es la parte que más se lee a la ligera. Entre 2025 y 2026 el Estado mexicano aplicó un bloqueo histórico: el 11 y 12 de noviembre de 2025 la Unidad de Inteligencia Financiera identificó 13 casinos y congeló cuentas, y se desactivaron bet365 y Betano (Ganador Azteca), según un reporte del 5 de diciembre de 2025. En diciembre de ese mismo año, un Tribunal Colegiado les permitió únicamente publicar contenido informativo no relacionado con apuestas. En marzo de 2026, un juez de distrito concedió a bet365 un amparo contra el bloqueo, pero el sitio seguía inactivo el 24 de marzo de 2026. En julio de 2026 la Dirección General de Juegos y Sorteos suspendió diez dominios de casino en línea, incluidos betano.mx y bet365.mx. El 23 de octubre de 2026 un tribunal federal habría suspendido la orden de la Secretaría de Gobernación contra bet365 y Betano, según una sola fuente.
El estatus es inestable, y por eso lo correcto es decirlo siempre con su fecha. Nunca “abierto” hoy, nunca “cerrado” para siempre. Para alguien con saldo dentro, la lección no es jurídica: cuando la cuenta se congela, el saldo no se convierte en una demanda automática. Un bono con rollover pendiente en una marca bloqueada puede desaparecer sin que exista una autoridad que lo reclame en nombre del cliente. Si el lector quiere un número, aquí no lo hay: no existe una indemnización establecida.
Bono de bienvenida: un anuncio que hay que leer hasta el final
El dinero que se ingresa con el bono de registro no llega por sí solo. La traducción del anuncio a obligaciones es directa: hay que depositar, hay que apostar el dinero cierto número de veces, hay que hacerlo dentro de un plazo y por encima de un momio mínimo, y hay que aceptar que el dinero del bono —cuando se apuesta el saldo de la casa— no siempre regresa junto con la ganancia. En algunos casos no regresa nunca. En otros, hasta después de cumplir todo. El rollover no es un extra del contrato: es el contrato.
Dos palabras que la publicidad evita y que el lector necesita: requisitos de apuesta y momio mínimo. La primera dice cuántas veces hay que mover el dinero antes de poder retirarlo. La segunda dice a partir de qué cuota cuenta cada apuesta para cumplir ese movimiento. Una apuesta jugada por debajo del momio mínimo no está prohibida: no cuenta. Y jugar apuestas que no cuentan es la forma más rápida de llegar al plazo con el bono sin cumplir.
Los tres números que cambian todo
Un bono de registro se sostiene sobre tres números: cuánto vale, cuántas veces hay que jugarlo y cuánto tiempo hay para hacerlo. El valor es el número visible. El rollover, el factor que multiplica, es el que convierte una promesa de $7,000 MXN en una obligación de decenas de miles. El plazo, el reloj, es el que decide si esa obligación se puede cumplir con calma o se vuelve una carrera contra el calendario.
Un rollover de diez veces sobre $1,000 MXN no significa jugar mil pesos diez veces. Significa apostar un total de diez veces mil pesos —es decir, $10,000 MXN en apuestas— antes de poder sacar nada. En comparación, en apuestas a momio bajo, una tranquila apuesta de una sola vez, la de $1,000 MXN, no cumple ni una décima parte de ese requisito.
La aritmética del rollover: lo que cuesta convertir un bono en dinero retirable
El bono sin depósito de $1,000 MXN que caliente.mx anuncia en su cabecera viene con un requisito de apuesta de diez veces, según reseñas de casas de apuestas; las reseñas no coinciden entre sí sobre el plazo ni sobre los momios mínimos, y algunas tampoco coinciden sobre el rollover del bono de primer depósito. Con esa cifra sobre la mesa, el cálculo es sencillo y desagradable: hay que apostar $10,000 MXN en total, es decir diez apuestas de $1,000 MXN, o veinte de $500 MXN, o cualquier combinación que sume ese monto. Si en cambio se toma el bono de $7,000 MXN que la misma marca anuncia para la duplicación del primer depósito, el rollover no es el mismo y no se sabe cuál es: los términos completos del incentivo no se pueden leer en la página de inicio, así que el resultado de esa oferta queda como una banda, no como un número.
Y aquí entra la parte que casi nunca aparece en el anuncio: cada apuesta también paga la comisión de la casa, que vive dentro del momio. En un mercadito de tres resultados —local, empate y visitante— el porcentaje que devuelve el mercado y el margen de la casa suman 100 %, por definición. Con momios parecidos a los que circulan en un partido de liga, la devolución típica del principal mercado de un partido de fútbol se queda alrededor del 93 al 95 % de todo lo apostado, esto es, una comisión del 5 al 7 %.
Puesto que ninguna casa vive de la caridad, apostar los $10,000 MXN de un rollover de diez veces deja en promedio alrededor de $500 MXN a $700 MXN en manos de la casa (cifra estimada como el 5 % al 7 % de $10,000 MXN; la comisión real de cada casa es un promedio y varía por apuesta). Conviene decir el resultado con su condición: en promedio, el costo estimado de convertir un bono de $1,000 MXN se come entre la mitad y las dos terceras partes del valor nominal del bono. Al bono de $1,000 MXN le quedan del orden de $300 MXN a $500 MXN de valor esperado si el usuario juega bien: apuestas sencillas, momios razonables, nada de combinadas largas.
Los dos extremos del rollover se ven mejor en el margen. Si se pudiera jugar el requisito con una sola apuesta y a un momio muy bajo, la comisión pagada por unidad apostada apenas cambiaría, pero la probabilidad de perder por completo antes de terminar el rollover sería alta: en ese caso el bono rara vez se convierte en algo, y el valor esperado se va al piso. Si el rollover se jugara con apuestas de momio más alto y con la mitad del saldo, el número de apuestas que hay que acertar para no quedarse sin saldo antes del final también sube; las cuentas que sobreviven al rollover completo suelen ser las que empiezan con apuestas pequeñas y sencillas. La banda de valor está ahí, y el lector que elige el camino medio no necesita fórmulas para verlo: entre el bono perdido y la comisión pagada, el mejor escenario de un bono de $1,000 MXN deja unos cientos de pesos.
Cómo comparar bonos de registro en lugar de comparar anuncios
Un anuncio de bono de registro se lee en diez segundos. Una comparación honesta exige tres cosas: el tamaño de la oferta, la puerta de entrada que exige cada casa y el tiempo que da para cumplirla. La mayoría de las comparaciones que circulan se quedan en la primera. Aquí las tres se ordenan bajo un criterio distinto: cuánto se queda la casa del bono.
Cada casa resuelve el problema a su manera. Unas montan un bono sin depósito pequeño —$1,000 MXN suena generoso hasta que aparece el rollover— y otras construyen la oferta sobre el primer depósito, con un rango del tipo “hasta $7,000 MXN” que no significa 7,000 de entrada. Otras prefieren un porcentaje de recarga semanal, que no es una promesa de bienvenida sino una suscripción al gasto. Y las hay que no anuncian bonos en su ficha y sí un club o un programa de puntos, que premia al usuario que juega mucho, justo lo contrario del cliente nuevo.
También conviene mirar dónde no hay bono. Hay fichas sin oferta visible y cabeceras con dos promociones que la propia página no aclara si son de deportes o de casino. Esa ausencia de precisión cuesta dinero: una promoción de casino no se juega en un boleto de fútbol, y quien reclame la equivocada tendrá que cumplir un rollover distinto, con momios distintos, en un juego que quizá no entendió.
Los nueve perfiles comparados
| Marca | Estatus de permiso SEGOB (según la fuente indicada, no confirmado oficialmente) | Lo que dice su propia ficha sobre el bono de registro |
|---|---|---|
| Codere | Permiso DGJS/1018/2015 y DGJS/234/2019, según Apuestas-legales.com.mx; titular: Libros Foráneos S.A. de C.V. (Codere México) | Bono de bienvenida de hasta $7,000 MXN en la ficha de su aplicación |
| Novibet | Permiso DGJS/DCRCA/1121/2020, según casasdeapuestaslegales.mx; titular: Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V. | — |
| Strendus | Permisos DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021, según casasdeapuestaslegales.mx; las compilaciones difieren sobre el titular: Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads | — |
| 1xBet | Permiso DGJS/0002/2020, según Apuestas-legales.com.mx, que no pudo confirmar el dominio ni el listado oficial; titular: Entretenimientos Naturales | Bonos de bienvenida, promociones de temporada y programa de lealtad, según la ficha de su aplicación |
| Playdoit | Permiso DGAJS/SCEVF/P-02/2005, según casasdeapuestaslegales.mx; titular: Eventos Festivos de México | Bono de bienvenida de $1,000 MXN, descrito en un apartado con primer depósito y en otro sin depósito |
| Betcris | Permiso SEGOB de su permisionario; el número no se imprime porque el del pie de página y el de la compilación difieren; titular: Producciones Móviles | — |
| Caliente | Permiso DGG/SP/404/97, mostrado en el pie de página de caliente.mx; titular: Tecnología de Entretenimiento Caliplay (Grupo Caliente) | $1,000 MXN sin depósito y duplicación del primer depósito hasta $7,000 MXN en su cabecera; la página no aclara si ambas valen solo para apuestas deportivas |
| Pickwin | Permiso SEGOB de su permisionario; el número no se imprime porque las fuentes se contradicen; titular: Producciones Móviles S.A. de C.V. con Unocapali La Paz Operadora | — |
| Betway | Permiso 4184, según casasdeapuestaslegales.mx; titular: Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V. | — |
La tabla revela de un golpe lo que ninguna ficha dice: la mitad de las marcas revisadas no publica un bono de registro verificable en su propia vitrina, y de las que sí lo publican, tres dejan la condición de entrada sin precisar. Al mismo tiempo, cinco marcas calculan la oferta desde lo que el cliente deposita, lo que desplaza el riesgo al apostador con poco presupuesto: quien deposita poco recibe poco, y el rollover se calcula sobre eso. El bono de registro no es un regalo universal; es una fórmula que se ajusta a la capacidad de cada marca.
Panorama: qué se puede esperar de un bono de registro en el mercado mexicano
El mercado mexicano de un bono de registro tiene una anomalía que lo distingue de otros: no hay una sola marca revisada que pueda decir sin matices cuánto vale su bono sin que se le pregunte cuántas veces hay que jugarlo. La autoridad no publica un listado abierto de permisos, la ley vigente no menciona los bonos y las fichas de cada marca describen las ofertas con un lenguaje que deja fuera justo el detalle que decide. Quien lea cinco anuncios se quedará con la impresión de que ofrecen cosas distintas; quien lea los cinco términos descubrirá que ofrecen la misma cosa a precios distintos.
La forma en que se compite terminó siendo la forma en que se regula: por defecto, sobre lo que no está escrito. Las marcas con permiso mexicano entran al país por el mismo camino —una casa matriz con permiso de la Secretaría de Gobernación, una marca comercial distinta— y esa estructura ya empuja la oferta hacia el primer depósito más que hacia un regalo real; el incentivo de captar cuentas nuevas no desaparece porque el bono sea pequeño.
Hay algo que el lector no debería esperar y que casi todos los anuncios le sugieren: que el bono sea dinero. Es una cifra condicionada que se convierte en dinero retirable sólo después de un tramo largo de apuestas, y cada apuesta del tramo paga la comisión del mercado.
Momios y margen: el costo invisible del bono
La comisión no se descuenta del boleto. Se descuenta de la ganancia, porque el momio que ve el cliente es un momio que ya la lleva dentro. En el mercado principal de un partido de fútbol, la devolución ronda el 93 al 95 % de todo lo apostado en ese mercado, y esa es la cifra que decide el costo del rollover: cada apuesta del obligado multiplica por un factor invisible. Si una casa paga un momio un poco más alto que la de al lado, dentro de un requisito de apuesta largo esa diferencia no es un detalle de calle: es dinero.
Aquí hay un detalle que casi nadie dice sobre la devolución del mercado y el tamaño del bono. Una marca que ofrece un bono de $7,000 MXN y otra que ofrece $1,000 MXN no son dos ofertas del mismo tipo: la primera exige, casi siempre, un depósito mucho mayor antes de que nazca, y suele acompañarse de requisitos de apuesta sobre el monto depositado, no sólo sobre el bono. Sin cifra que se pueda leer, la comparación no es entre bonos: es entre una cifra segura y pequeña y una cifra condicionada y grande.
Las promesas que no tienen fecha
El mercado se parece a un anuncio de alquiler sin precio. Las ofertas lucen y nadie firma plazos: el vencimiento del bono no aparece en el banner, y muchas veces no aparece tampoco en la ficha. En la revisión, un bono de recarga semanal de Campobet —50 % hasta $10,000 MXN, según su ficha en la tienda— es una promesa recurrente, sin plazo publicado, que premia al jugador que deposita semana tras semana. La oferta está anunciada, la duración no. El resultado para alguien que no lo va a reclamar solo: entre una oferta sin fecha y una casa que actualiza su anuncio cada tanto, la información visible en el mercado es la del día del clic. Eso significa que un bono de registro no se elige una vez; se revalida cada vez.
Fundamentos: del anuncio al contrato, en qué orden
El orden real de los pasos es este. Primero, la marca publica la oferta y su reglamento de términos; en segundo lugar, el usuario se registra y cumple la verificación de identidad, que en México es una práctica de casa, no un artículo de ley; en tercer lugar, deposita, y es ese depósito el que muchas veces precede a la entrega del bono; en cuarto lugar, las apuestas empiezan a contar para el rollover sólo cuando superan el momio mínimo, y las que quedan por debajo —aunque se hayan jugado y aunque hayan ganado o perdido— no acortan el camino. Al final, cuando el requisito se cumple, el saldo retirable aparece; antes de eso, no.

El orden del rollover depende del reloj: cuanto más corto el plazo, más alto tiene que ser el promedio apostado por día para llegar. La combinación obligada por una oferta con premio grande y rollover alto es la que obliga al cliente a usar apuestas combinadas y a multiplicar el número de decisiones por día, situación en la que el bono va perdiendo valor a los ojos de quien debe completarlo. Dos piezas determinan el resultado: un rollover alto y un plazo corto no son un problema por sí solos, pero tampoco son compatibles con apostar sin pensar.
Los requisitos que rodean al bono son menos visibles que el número del bono en sí, y eso importa: aquí no es el tamaño de la oferta el que define la calidad, sino la estructura del rollover y el plazo. La conclusión es terrenal. No hay nada en la regulación mexicana que impida a una casa de apuestas perder un cliente que deposita y no jugar más, y no hay nada que obligue a una casa a decirle cuándo se acaba el plazo del bono. Leer los términos no es opcional: es la única defensa real.
Dónde encaja cada premio: un desglose entre incentivos
No todas las casas usan el mismo instrumento. Conviene separar cinco piezas, porque se confunden con frecuencia: el bono sin depósito, el bono de primer depósito con porcentaje, la apuesta gratis, la recarga semanal y el programa de lealtad. La primera es la que más se anuncia y la que menos valor neto tiene cuando se juega con volumen. La segunda tiene un techo y una escalera: los $7,000 MXN de las fichas revisadas son techo, no piso. Una apuesta gratis, cuando se entrega como saldo separado, no es dinero retirable hasta que se cumple su propio requisito. La recarga semanal no es una bienvenida: es una promesa de que la casa quiere actividad recurrente. El club de puntos paga al que juega mucho, es decir al que ya perdió.
En el mercado que se revisó, los bonos se anuncian a veces sin que la ficha diga si son de deportes o de casino, y eso pasa con la cabecera de caliente.mx, donde la página no aclara si las dos promociones son solo para apuestas deportivas. La pregunta importa porque las reglas no son las mismas: un bono pensado para casino juega en juegos de casino, y uno de deportes juega sobre apuestas con momio mínimo y, muchas veces, con exclusión de los momios más cómodos. Un bono de casino anunciado en el mismo espacio que el de deportes es un contrato distinto con el mismo cartel.
Cómo se ve cada una de las nueve marcas revisadas
Codere: dosificación para quien reparte su presupuesto en varios deportes
Codere llega a la comparación con la oferta de mayor cartel en México: la ficha de su aplicación anuncia un bono de bienvenida de hasta 7,000 MXN. La misma ficha declara que la plataforma opera con permiso de la SEGOB, limita el uso a mayores de 18 años e incluye avisos de juego responsable y políticas de cierre de cuenta. En cobertura deportiva, la app cubre más de 30 deportes, con estadísticas en vivo, creador de apuestas, momios mejorados y apuestas gratis. Los depósitos se hacen con tarjeta, SPEI y OXXO, así que el jugador sin tarjeta no se queda fuera.
El punto interesante no es el bono, que es un techo y no un piso. Es la combinación de tres piezas: 30 deportes, métodos de pago de calle y un bono escalonado. Un usuario que quiere probar deportes distintos encuentra aquí material, y la ficha no fuerza a jugar sólo un mercado. En cambio, quien busque un bono pequeño y líquido —un monto que pueda retirar pronto— no encontrará en la ficha un rollover o un plazo legible, y eso deja el detalle fino fuera de la mano antes de empezar.
Veredicto: la cobertura y el pago en efectivo son el argumento real de esta marca, no el número del banner; un bono de hasta 7,000 MXN sin plazo visible en la ficha es un techo decorativo para el que no vaya a depositar en serio.
Novibet: una tabla de apuestas larga sin promesa en la vitrina
Novibet aparece con un permiso muy reciente —2020— de los que se conocen en el mercado mexicano, y en la comparación destaca por lo que no promete: su ficha revisada no anuncia un bono de registro. La ausencia no es un error de la marca: es la información que el lector necesita. Una casa que no pone un bono en el escaparate no está comprando registros con un número grande.
La estructura de permiso viene con los datos del titular, Comercial de Juegos de la Frontera S.A. de C.V., y con la advertencia de siempre: el número viene de una compilación, no del listado oficial. El lector que apueste con Novibet debe revisar el pie de página por su cuenta.
Veredicto: sin bono anunciado, el criterio deja de ser el regalo y pasa a ser la estructura, y esta marca entra en la comparación por lo que tiene de mesa larga, no de escaparate.
Strendus: tres permisos en un mismo cartel
Strendus aparece con tres números de permiso —DGJS/075/2018, DGJS/2801/2021 y DGJS/DCRCA/2321/2021— y con dos posibles titulares según la compilación: Atracciones y Emociones Vallarta o New Ads. Es un ejemplo perfecto de por qué conviene mirar el pie de página de cada marca y no la nota de prensa: en el mercado mexicano se puede operar bajo la sombra de una permisionaria.
En su ficha revisada no hay bono de registro visible. Eso la deja fuera de la carrera por el cliente nuevo y la pone en la de la operación continua: sin promesa de bienvenida, lo que pesa es la liquidez, la variedad de mercados y la experiencia de uso.
Veredicto: la marca no compite por el bono; compite por el usuario que ya juega y no quiere depender de una bienvenida para tener un momio decente.
1xBet: cobertura internacional y puntos en vez de efectivo
1xBet trae la oferta más amplia del grupo en deportes retransmitidos: su app ofrece apuestas en vivo, transmisión en vivo y estadísticas de fútbol, básquetbol, tenis, UFC y esports, además de bonos de bienvenida, promociones de temporada y programa de lealtad. Es decir, una promesa de tres capas —entrada, temporada, fidelidad— sin un número único que el lector pueda comparar.
El permiso, DGJS/0002/2020, viene de una compilación que reconoce no haber podido confirmar el dominio 1xbet.mx ni el listado oficial; el titular declarado es Entretenimientos Naturales, mientras la App Store lista la aplicación bajo 1XCorp N.V., una sociedad distinta. Que la empresa que figura en la tienda de aplicaciones no sea la permisionaria es, en el papel, una diferencia; en la práctica, es el camino que el usuario tendría que recorrer si algo falla.
Veredicto: es la marca más internacional de la lista y, por lo mismo, la que más obliga a leer términos en dos idiomas; quien quiera una bonificación concreta y fácil de comparar no la encontrará aquí en la vitrina.
Playdoit: el bono de $1,000 MXN que se describe de dos formas
Playdoit anuncia $1,000 MXN de bono de bienvenida, pero en un apartado lo describe con primer depósito y en otro sin depósito, de modo que las condiciones no son claras. Es el caso más limpio de esta comparación, y también el más instructivo: una casa que no puede decidir si su bono exige depósito probablemente tampoco ha decidido su rollover, su plazo y su momio mínimo.
El permiso, DGAJS/SCEVF/P-02/2005, proviene de casasdeapuestaslegales.mx y tiene por titular a Eventos Festivos de México: un número con veinte años, lo que en términos de antigüedad es un dato a favor, y en términos de vigencia es un dato que el lector debe comprobar.
Veredicto: un bono definido de dos maneras distintas no es un bono, es una promesa en revisión; el jugador que quiera reclamarlo debería pedir por escrito la versión que le van a aplicar.
Betcris: un bono fuera del escaparate y un nombre reconocido
Betcris es una marca de apuestas deportivas con presencia regional y una de las que en esta revisión no muestra bono de registro en su ficha. Lo que sí deja ver es su cuidado en el perímetro legal: su pie de página advierte que los juegos con apuestas están estrictamente prohibidos para menores de edad, enlaza una sección de juego responsable y aclara que el servicio no se promociona a menores de 18 años. Ese es el tipo de letra que no mueve un bono pero sí importa cuando se trata de menores.
El permiso tiene una peculiaridad: el número no se imprime porque el que muestra el pie de página de la marca y el de la tabla del propietario difieren. El titular declarado es Producciones Móviles.
Veredicto: marca antigua con perímetro legal cuidado y sin anzuelo de bienvenida; el valor está en la casa, no en el bono.
Caliente: la oferta más visible y la más difícil de leer
Caliente es la marca con la oferta más destacada de la comparación. En el encabezado de caliente.mx se anuncian $1,000 MXN sin depósito y la duplicación del primer depósito hasta $7,000 MXN, y la página no aclara si ambas ofertas valen solo para apuestas deportivas. La misma marca presenta una app de apuestas con transmisión en vivo, creador de apuestas (“crea tu apuesta”), depósitos y retiros desde el celular, promociones y eventos virtuales, sólo para mayores de 18 años. El permiso DGG/SP/404/97 se muestra en el pie de página de su propio sitio, una rareza entre las marcas revisadas.
Hay un problema de estructura. Las reseñas de casas de apuestas indican que el bono sin depósito de $1,000 MXN exige un rollover de diez veces; el plazo, los momios mínimos y el rollover del bono de primer depósito varían de una reseña a otra. Es decir: los términos no son verificables de forma uniforme y el detalle más importante del producto —cuánto trabajo cuesta el premio— se mueve según quién lo cuente.
Veredicto: la oferta más grande del mercado es también la más opaca en sus condiciones; el que deposite aquí debería exigir los términos completos antes de aceptar el primer depósito, porque después de jugarlo ya no hay negociación.
Pickwin: un permiso que se contradice a sí mismo
Pickwin presenta el caso más confuso en el papel: la compilación que le da su número de permiso contradice a la otra —una señala DGJS/DCRCA/1584/2019 y la otra DGAJS/SCEVF/P-06/2005-TER— y el número de una de ellas es el que el pie de página de Betcris muestra para Producciones Móviles. Los titulares también se multiplican: Producciones Móviles S.A. de C.V. junto con Unocapali La Paz Operadora.
No hay un bono de registro anunciado en su ficha revisada. Su cuota de entrada a la comparación es la antigüedad de uno de sus posibles números —2005, anterior a la reforma de 2023 y a la de 2025— y la consecuencia de que, en el mercado mexicano, un permiso viejo puede reciclarse entre varias marcas.
Veredicto: sin bono visible y con el permiso en disputa entre fuentes, la marca tiene un problema de verificación antes que un problema de oferta; el lector debería exigirle al pie de página el número que reclama.
Betway: cuarenta y dos mil momios mejorados y un club de apuestas gratis
Betway llega con la propuesta de apuestas más “premial” del grupo: la app anuncia más de 2,000 eventos por semana, los momios mejorados “Super” y “Ultra”, el creador de apuestas “Crea Tu Apuesta” y un club con apuestas gratis semanales. Ese club es, en la práctica, su programa de fidelidad: un cliente que juega y acumula recibe apuestas gratis con cierta periodicidad, no un pago en efectivo.
El permiso que figura es el 4184, según casasdeapuestaslegales.mx, con Espectáculos Deportivos Frontón México S.A. de C.V. como titular: el mismo camino de permiso de frontón que el Reglamento permite para apuestas a distancia.
Veredicto: es la mejor opción de la lista para quien juega cada fin de semana y prefiere acumular apuestas gratis; quien busque un bono de bienvenida en efectivo no lo encontrará anunciado aquí.
Las nueve marcas frente a frente: cobertura, pago y anzuelo
Una objeción que la tabla no responde sola: cuál comparación se mira primero. La respuesta de un lector ocupado suele ser la del bono, y hoy es la menos confiable del mercado. Los nueve casos revisados se reparten en dos grupos: tres marcas con bono anunciado en su propia ficha, cinco sin bono visible y una con una promoción recurrente de grupo —Campobet no entra en la tabla, ya que en esta comparación el grupo es el de las marcas con permiso revisadas—. Entre las tres que sí publican la promesa, las condiciones son desiguales: una describe el mismo bono de dos maneras, dos ocultan el número del rollover a quien no lee reseñas y ninguna publica el plazo en el mismo lugar donde publica el monto.
Si el lector quiere una heurística dura, aquí va la mía: un bono de registro de una casa mexicana vale al menos lo que dice su cabecera sólo cuando los términos se pueden leer antes del depósito. Si no se pueden leer, no es un bono grande; es un bono grande anunciado.
El costo del bono se paga en la apuesta, no en el bono
No hay descuento: el cliente paga el bono con la comisión del mercado. Un rollover de diez veces sobre $1,000 MXN obliga a mover $10,000 MXN en apuestas, y de esos diez mil pesos, entre un 5 % y un 7 % se queda dentro del momio, es decir entre $500 MXN y $700 MXN —un promedio, no una garantía, y una cifra que cada casa ajusta con su propio margen—. El bono de $1,000 MXN no produce dinero de la nada: produce una devolución de unos cientos de pesos para el que trabaja el requisito con paciencia y apuestas sencillas.
Ese orden de cuentas debería mandar en la lectura de cualquier anuncio. El bono de registro es una herramienta de captación, y quien la use como herramienta de premio va a ser el cliente que menos gane. La decisión práctica es sencilla. Mire primero el rollover y el plazo, después el número del banner. Si el rollover no está escrito en la pantalla donde se anuncia el monto, el anuncio no es una oferta: es el aperitivo.
Preguntas frecuentes sobre los bonos de registro en México
¿Cómo se pide en la práctica el bono de registro y dónde están sus términos y condiciones?
El camino es el mismo en las tres marcas con oferta publicada: se anuncia la cabecera, se registra el usuario, se verifica su identidad —con documentos, no con un clic—, se deposita cuando la oferta lo exige y el saldo queda etiquetado hasta cumplir el requisito. Los términos completos no suelen estar en el banner; aparecen en un enlace a pie de página, en el reglamento de la promoción o dentro de la cuenta. Si ese enlace no existe o no dice la fecha de vencimiento, no hay contrato de bono que reclamar.
¿Qué significan exactamente el rollover y el momio mínimo en un bono de bienvenida?
El rollover es cuántas veces hay que apostar el dinero del bono o el depósito antes de poder retirarlo: diez veces sobre $1,000 MXN piden $10,000 MXN en apuestas, no diez apuestas. El momio mínimo es la cuota por debajo de la cual una apuesta no cuenta para ese conteo, aunque se haya jugado y perdido. Los dos números van juntos: sin el segundo, el primero no sirve de nada.
¿Por qué la cantidad de una apuesta gratis no se devuelve junto con la ganancia?
Porque en la mayoría de los casos el saldo del bono no es dinero propio, sino un crédito restringido: si se apuesta y se gana, se abona la ganancia y no el importe de la apuesta, que se consume en la jugada. Eso cambia la cuenta, porque el valor de una apuesta gratis de $1,000 MXN a momio de dos es de unos $500 MXN esperados, no de $2,000 MXN, aunque el boleto diga otra cosa. Es una diferencia de miles de pesos en la utilidad real del bono.
¿Cómo se comprueba que una casa de apuestas tiene permiso de la Secretaría de Gobernación?
Se busca en el pie de página del propio sitio el número de permiso y el nombre del permisionario, y se compara con la compilación que más lo repita. Ningún número de esta comparación está confirmado de forma oficial, porque el listado público de la Dirección General de Juegos y Sorteos no se ha podido abrir; algunos, incluso, se contradicen entre sí. Tener un formato de número creíble no equivale a tener el permiso vigente.
¿Se pagan impuestos sobre los premios y quién los retiene?
Sí. Los premios de sorteos y juegos con apuestas legalmente autorizados son ingresos y la casa retiene el 1 % cuando el premio no paga impuesto estatal o éste no rebasa el 6 %, y el 21 % cuando el impuesto estatal supera ese 6 %; en la Ciudad de México el impuesto a los premios es del 6 %, así que la retención total ronda el 7 %. El impuesto retenido es definitivo sólo si la persona presenta la declaración a que está obligada; si no, el ingreso se acumula. Y no es asesoría fiscal: para un caso concreto, hay que consultar a un contador.
¿Cómo se pone un límite de depósito o de pérdida en una casa de apuestas?
En México no existe un límite de depósito ni de pérdida con rango de ley, ni un registro nacional de autoexclusión; lo que hay son herramientas internas de cada casa: pausas, límites y autoexclusión voluntaria dentro del perfil o en la sección de juego responsable. Codere México, por ejemplo, menciona políticas de cierre de cuenta en su ficha, y caliente.mx enlaza una sección de juego responsable. La autoexclusión vale para la casa que la recibe, no para el mercado.
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